Fahrenheit 451: el libro que arde con fuego propio

¿Se imaginan vivir en un mundo en el que leer o guardar libros, esté totalmente prohibido? ¿Un mundo en el que los bomberos en vez de apagar las llamas se dedicaran a quemar bibliotecas?

“Pues bien, al final lo que ustedes tienen aquí es la relación amorosa de un escritor con las bibliotecas; o la relación amorosa de un hombre triste, Montag, no con la chica de la puerta de al lado, sino con una mochila de libros. ¡Menudo romance!”

Ray Bradbury

“Cinco pequeños brincos y luego un gran salto” Así comienza el prefacio que Ray Brabdury escribió en 1993 para incluir a las nuevas ediciones de Fahrenheit, publicada por primera vez en 1953.

Esos cinco pequeños brincos, serían para Ray cinco cuentos cortos, los que le dieron el impulso necesario, para invertir 9 dólares y medio en alquilar una máquina de escribir en el sótano de una biblioteca (a falta de oficina propia), y terminar la novela corta en tan sólo 9 días.

Bonfire (Hoguera), Bright Phoenix (Fénix brillante), The Exiles (Los exiliados), Usher H y por último (uno de mis favoritos): El peatón, inspirado en un encuentro real de Bradbury con la policía, un cuento ubicado en un futuro, en donde caminar por la calle sólo para pasear, es considerado un delito.

Trío de bocetos de propiedad personal de Ray Bradbury por Joseph Mugnaini

Doy gracias a Dios por el encuentro con el coche patrulla, la curiosa pregunta, mis respuestas estúpidas, porque si no hubiera escrito «El peatón» no habría podido sacar a mi criminal paseante nocturno para otro trabajo en la ciudad, unos meses más tarde.

Prefacio: fuego brillante

Adentrarse en Fahrenheit

Estamos ahora en una sociedad futurista distópica, en la que leer o guardar libros está prohibido y penado por la ley.

1. ¿A quienes beneficia este nivel de represión literario?

La censura como arma de control de la población: controlar la información que circula, controlar los medios masivos, y en definitiva, manipular el pensamiento, engañar a las personas para que hagan lo que necesitas que hagan, porque… ¿cómo van a darse cuenta, si no poseen las herramientas para cuestionarte? ¿Cómo pensar distinto si no existen otras voces a las que escuchar?

2. ¿Cómo se logra este control social en Fahrenheit?

Adoctrinando desde la más temprana infancia en las escuelas, distrayendo a las personas con basura, a través de los medios de consumo masivo como la televisión, permitiendo espacios de entretenimiento violento y adrenalínico, para que las personas puedan liberar su enojo, angustia, bronca, pero sin pensar. Y por sobre todo, a través del miedo. Porque el miedo al castigo, refuerza la autocensura.

El ejército del miedo de esta sociedad, son los cuarteles de bomberos, la fuerza Estatal que controla y castiga, a través del miedo: ¿Lees libros, ocultas una biblioteca en tu casa? Vamos a prenderla fuego, ¿Tus vecina es sospechosa, crees que guarda libros? Denúnciala, y quemaremos su casa.

A su vez, la quema de libros es un espectáculo de adoctrinamiento social, para todo el vecindario: “Mira lo que pasa si te atreves a abrir un libro, mejor tener cuidado”.

Incluso caminar sin rumbo fijo, sentarse a conversar con otras personas, no mirar televisión, manejar a poca velocidad, contemplar el mundo o preguntarse el por qué de las cosas, estas acciones tan poco comunes en este futuro, se consideran actitudes sociales sospechosas, y pueden llevarnos a una detención.

3. ¿Desde qué punto de vista vamos a adentrarnos a esta historia?

Bueno, nada más y nada menos que desde la mirada de Montag, un bombero que pertenece a la fuerza estatal adoctrinadora.

¿Por qué leer esta historia?

Experimento de incendios de hierba de Annaburoo E29, 20/8/86 /
Fotógrafx : Forestry and Forest Products

Porque Montag es un personaje que duda, que tiene un proceso de transformación a lo largo de toda la novela. Y este proceso, no es brusco, no es vacío y por sobretodo no es solitario. Es una metamorfosis que involucra su forma de relacionarse con las personas, su forma de entender el mundo, su capacidad para cuestionarse su propia vida, y la palpitante necesidad de cambiar, de rebelarse contra lo que alguna vez creyó, para poder entender, para poder encontrarse con quién verdaderamente es.

La pregunta es entonces, ¿cómo hace un bombero para lograr ese proceso de metamorfosis?

Claramente no puede leer libros. Y esto es una gran traba, porque los libros son medios que tenemos para entender el mundo, son territorios de encuentro con otras mentes, otras formas de vivir, con personas que vivieron en otras épocas en otros continentes, o incluso con personas imaginarias, que no existen en esta realidad, pero que viven y piensan y sienten… Cuando leemos aprendemos que existen diferentes puntos de vista, aprendemos a contrastar nuestra vida con otras, a encontrar en ellas relaciones, y es, en esa búsqueda acompañada, en la que tal vez, podamos descubrir algo importante, sobre quiénes somos.

Si los libros atesoran la historia de la humanidad, sus aciertos y sus fracasos… ¿cómo alimentar el pensamiento en una sociedad que no tiene acceso a una biblioteca de conocimientos? ¿cómo es posible entender el por qué, si desconocemos el origen, el pasado?

Bueno, en ese caso, tal vez la interacción se limite, a interactuar con personas vivas. Si soy un bombero, entonces, estoy rodeado de otros bomberos. Si soy parte de un ejército censurador, entonces, probablemente, esté casado con alquien, que acepta la censura sin cuestionarla….

Entonces… ¿cómo hace Montag para comenzar a dudar?


¿Quién es espejo de quién?: Un recorrido por los personajes y sus relaciones.

El encuentro con otrxs, es esencial en esta historia, son los momentos en los que Montag interactúa y se relaciona, los que le permiten pensar, y conocerse. Las personas como catalizadores, espejos que le van a devolver algo de sí mismo, son precisamente esos encuentros, los que lo van a guiar en su búsqueda.

“VOLVIÓ A MIRAR LA PARED. EL ROSTRO DE ELLA TAMBIÉN SE PARECÍA MUCHO A UN ESPEJO. IMPOSIBLE, ¿CUÁNTA GENTE HABÍA QUE REFRACTASE HACIA UNO SU PROPIA LUZ? (…) ¡CUÁN POCAS VECES LOS ROSTROS DE LAS OTRAS PERSONAS CAPTABAN ALGO TUYO Y TE DEVOLVÍAN TU PROPIA EXPRESIÓN, TUS PENSAMIENTOS MÁS ÍNTIMOS!”

ERA UN PLACER QUEMAR, FAHRENHEIT 451

A través de estas tres grandes etapas que atraviesa a lo largo de la novela: Era un placer quemar, La criba y la arena y finalmente Fuego vivo, Montag va a ir adentrándose en una búsqueda personal.

Cada relación que se construye o destruye, va a cumplir un rol necesario en su vida. Para analizar esta historia, entonces, es necesario analizar qué reflejo de él mismo, le devuelve cada persona en su vida, y en consecuencia, que es lo que aprende e incorpora, a lo largo de cada relación.

Dentro del universo de personajes vamos a encontrarnos con su vecina Clarisse, Mildred su esposa, una mujer a la que denuncian por tener una biblioteca, Beatty el capitán de los bomberos, Faber el profesor, y una comunidad de lectorxs vagabundxs.

A lo largo de la historia, Montag va a encontrar:

1. Una amiga con quien conversar

2. Una verdad a la que enfrentar

3. Un maestro a quien recurrir

4. Un adversario a quien desafiar

5. Una comunidad a la que pertenecer

1. Una amiga con quien conversar: Clarisse, la filósofa

La historia comienza hablándonos del placer, el placer de quemar, el placer de ver las cosas ennegrecidas y cambiadas por el fuego. Montag siente placer en su trabajo, en quemar libros, e incluso, parece feliz.

Luego, al irse a dormir, sentiría la fiera sonrisa retenida aún en la oscuridad por sus músculos faciales. Esa sonrisa nunca desaparecía, nunca había desaparecido hasta donde él podía recordar.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Pero esa misma noche, en el camino de regreso a su casa, se encuentra por primera vez con Clarisse. Ella es una persona que dice lo que piensa, que se detiene a pensar las preguntas que él le hace, que tiene curiosidad sobre la profesión de Montag, sobre su vida. En un sólo encuentro de unos pocos minutos, Clarisse va a hacerle tres preguntas, que lo perseguirán a lo largo de toda la novela:

  1. ¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?
  2. ¿Es verdad que, hace mucho tiempo, los bomberos apagaban incendios en vez de provocarlos?
  3. ¿Es usted feliz?

No hay lugar para las dudas en la cabeza de Montag, las primeras preguntas son fáciles de contestar, porque no requieren pensar, sino obedecer o repetir lo que otrxs le dijeron: leer está prohibido y los bomberos siempre incendiaron bibliotecas… pero, ¿qué pasa con la tercera pregunta? Esta pregunta (para la que Clarisse no espera respuesta, y se va), lo obliga a pensar, a cuestionarse sobre su propia vida, porque nadie más que él puede responderla.

Montag sintió que su sonrisa desaparecía, se fundía, era absorbida por su cuerpo como una corteza de sebo, como el material de una vela fantástica que hubiese ardido demasiado tiempo para acabar derrumbándose y apagándose. Oscuridad. No se sentía feliz. No era feliz. Pronunció las palabras para sí mismo. Reconocía que éste era el verdadero estado de sus asuntos. Llevaba su felicidad como una máscara, y la muchacha se había marchado con su careta y no había medio de ir hasta su puerta y pedir que se la devolviera.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Este es el primer quiebre de Montag, porque reconoce para sí mismo, su propia infelicidad.

¿Por qué Clarisse es un personaje esencial en la vida de Montag?

Porque es alguien que le invita a pensar. Porque a través de la curiosidad que ella misma siente sobre el mundo, sobre su vida y lo que le rodea, él va a comenzar a recordar su propia curiosidad olvidada en la infancia, va a comenzar a cuestionarse su vida, su trabajo, empezará a meditar antes de responder, y a preguntarse sobre el origen de las cosas.

—¿Cómo empezó eso? ¿Cómo intervino usted? ¿Cómo escogió su trabajo y cómo se le ocurrió buscar el empleo que tiene? Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie. Usted es uno de los pocos que congenian conmigo. Por eso pienso que es tan extraño que sea usted bombero. Porque la verdad es que no parece un trabajo indicado para usted.”

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

A través de Clarisse, vamos a conocer también cómo es este futuro distópico, en contraste con el mundo que conocemos. Ella es el puente entre el pasado y el presente, y también entre la naturaleza y la ciudad, curiosea sobre un mundo que conoce, contrastándolo con los datos e información que obtiene de su familia, sus antepasados. En un mundo sin libros, la única forma de recordar el pasado, es transmitir los conocimientos de generación en generación, para que no se olviden.

Ella es la voz que nos relatará cómo funcionan las escuelas en este futuro, cuáles son los espacios de entretenimiento social, cómo la tecnología fue adaptándose cada vez más a una vida moderna, consumista y por sobre todo veloz, donde nadie tiene tiempo para nada, donde los autos avanzan a 150 kilómetros por hora, y donde el pensamiento, se considera una pérdida valiosa de tiempo.

Pero por encima de todo —prosiguió diciendo Clarisse—, me gusta observar a la gente. A veces, me paso el día entero en el «Metro», y los contemplo y los escucho. Sólo deseo saber qué son, qué desean y adónde van.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Influencia filosófica

Una persona como Clarisse, alguien que se pregunta el por qué de las cosas, alguien observadora y pensativa, es considerada peligrosa para esta sociedad. El capitán de bomberos llega a incluso a insinuar a Montag, que los casos como ella son escasos, porque con los avances científicos, es posible identificarlos, y eliminarlos antes de su nacimiento.

Ella no quería saber cómo se hacía algo, sino por qué. (…) —Afortunadamente, los casos extremos como ella no aparecen a menudo. Sabemos cómo eliminarlos en embrión. No se puede construir una casa sin clavos en la madera.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Pero una tarde, Clarisse desaparece.

Este hecho va a marcar a Montag profundamente, pero la ausencia física de Clarisse, no hace más que reforzar su presencia continuamente, en los pensamientos de Montag. Clarisse es una llama que arde en Montag, sus preguntas y actitud curiosa ante la vida, van a continuar creciendo en él, y lo van a acompañar durante su búsqueda.

Las enseñanzas de la mujer en llamas

La misma noche en la que Clarisse desaparece, Montag acude con los bomberos a una nueva biblioteca a la que incendiar, pero esta vez la casa no está vacía, hay una mujer esperándolos. Esta mujer no va a suplicar ni pedir perdón, está decidida a morir junto con su biblioteca. Es ella, quien frente a todo el equipo de bomberos, levanta un fósforo y se prende fuego… no sin antes, pronunciar unas palabras que resuenan en Montag:

“Pórtate como un hombre, joven Ridley. Por la gracia de Dios, encenderemos hoy en Inglaterra tal hoguera que confío en que nunca se apagará”

Extracto de lo dicho por Latimer a Ridley, mientras eran quemados vivos en Oxford por herejía, el 16 de octubre de 1555.
Quema de Latimer y de Ridley, texto de John Foxe, 1563

Este hecho va a marcar la vida de Montag, como un recuerdo que no va a poder borrar nunca más de su mente.

¿Por qué? Tal vez porque ella es la primera persona que le hace frente a los bomberos, sin temor, sin suplicar por su vida, sin arrepentimiento por sus actos. Es decidida y tiene convicciones, ella representa el coraje y el amor a la verdad, al conocimiento. Ella aparece en su vida, con el ímpetu con el que arrasan en nuestras vidas, personas a las que admiramos por su valentía, su coraje, su sentido de la justicia. De alguna forma, ella representa, a esxs personajes valientes de los libros, a los que Montag nunca pudo leer.

Montag, no va a ser el mismo después de este incendio. Después de ver a una mujer prenderse fuego junto con su biblioteca, ¿qué escapatoria tiene? Ese encuentro va a enseñarle que es posible arriesgar su vida por lo que cree, que existe la posibilidad de elegir, y por sobre todo, que hay algo en los libros por lo que vale la pena luchar.

¿Quién va a elegir ser? ¿Un bombero que quema libros? ¿Un hombre que esconde libros durante toda su vida, asustado y temeroso? ¿O alguien, que asume la situación, y acepta las consecuencias de sus actos?

Tiene que haber algo en los libros, cosas que no podemos imaginar para hacer que una mujer permanezca en una casa que arde. Ahí tiene que haber algo. Uno no se sacrifica por nada.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Incluso cuando él le insiste para irse, ella elige quedarse, porque es consciente de sus elecciones. Le demuestra que tiene libertad para elegir, y qué, lo que decida hacer, es en definitiva su decisión. Asume la situación, acepta las consecuencias, y decide enfrentarlas con lo único que tiene: sus libros, sus historias, las palabras de quienes vivieron antes, el valor de quienes también fueron quemadxs, odiadxs y perseguidxs.

2. Una verdad a la que enfrentar: Mildred, la esposa

Montag no vive solo, la noche que conoce a Clarisse, al llegar a su casa, se encuentra con Mildred inconsciente, y una botellita de píldoras vacía, a los pies de la cama. Este es un futuro solitario y devastador, 9 o 10 casos de suicidio suceden cada noche en la ciudad, y ante esto, la tecnología avanzó para crear máquinas electrónicas que succionan el veneno del estómago y extraen la sangre, para sustituirla por sangre nueva.

Y los hombres cogieron la máquina y el tubo, su caja de melancolía líquida, y traspasaron la puerta.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

A primera vista, Mildred es una persona superficial, ensimismada con los personajes que aparecen en sus televisiones murales, a los que considera su “familia”. En sus oídos zumban durante todo el día sus radio auriculares, de los que no se despega desde hace años.

Pero… ¿Qué hay detrás de todo eso? ¿Qué lleva a una persona a intentar suicidarse, y luego al otro día, hacer como si nada hubiese ocurrido, continuar como si fuera otro día más?

“Montag sintió que era una de las criaturas insertadas electrónicamente entre las ranuras de las paredes de fonocolor, que hablaba, pero que sus palabras no atravesaban la barrera de cristal. Sólo podía hacer una pantomima, con la esperanza de que ella se volviera y viese. A través del cristal, les era imposible establecer contacto.“

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Mildred, es un personaje mucho más profundo de lo que aparenta a simple vista. Ella representa de alguna manera, la negación en esta sociedad enferma en la que vive. Dice ser feliz, pero no lo parece, en realidad pareciera que se encontrara en un pozo muy profundo… se refugia en pantallas gigantes, en auriculares que rugen, en charlas superficiales, y cuando no puede soportarlo más, su escape es conducir durante toda la noche a ciento cincuenta kilómetros por hora, y regresar, al amanecer.

Mildred se nos presenta como un personaje dual: una Mildred es esta persona superficial y feliz que lleva una vida aparentemente normal, y la otra Mildred es una persona que sufre, que siente una tristeza tan agobiante y profunda, que prefiere estar adormecida o muerta, a seguir viviendo.

Pero aquélla era otra Mildred, una Mildred tan metida dentro de la otra, y tan preocupada, auténticamente preocupada, que ambas mujeres nunca habían llegado a encontrarse.

Era un placer quemar, Fahrenheit 451

Ninguna de ellas, pudo hasta ahora ver a la cara a la otra. Viven vidas paralelas, se rehuyen. Hace falta valor para enfrentarnos, cara a cara, con nuestros propios demonios, nuestros miedos más profundos. Hace falta demasiado valor, para mirar cara a cara a la verdad, y aceptarla.

Recién al final de su búsqueda, Montag imagina cómo sería el encuentro entre estas dos Mildred, tan diferentes, y en su imaginación, Bradbury utiliza un recurso, que años más tarde, sería utilizado por la serie futurista de ciencia ficción: Black Mirror.

“Millie, oyó los chillidos de ella, porque, en la millonésima de segundo que quedaba, ella vio su propio rostro reflejado allí, en un espejo en vez de en una bola de cristal, y era un rostro tan salvajemente vacío, entregado a sí mismo en el salón, sin tocar nada, hambriento y saciándose consigo mismo que, por fin, lo reconoció como el suyo propio.”

FUEGO VIVO, Fahrenheit 451

¿Qué es lo que ve Mildred cuando al final de su vida, puede verse reflejada en la pantalla rota de su televisión? ¿Qué es lo que ve sobre ella misma, en ese espejo negro y oscuro?

¿Qué refleja Mildred en Montag?

Creo que ella es para él, un reflejo de sí mismo, o de quién solía ser: una persona negadora, que obedece la ley sin cuestionarla, que vive la vida sin curiosidad, con falta de deseo y que no tiene motivos para vivir. Tal vez siente, que si logra salvarla a ella, entonces también existe una posibilidad de salvación para él. Se siente vacío, se siente infeliz, ¡y sabe que ella también lo está! Pero, ¿cómo? ¿cómo salvarse?

Montag está empezando a ver, a entender lo que significa ser bombero, a darse cuenta las atrocidades que cometió, las vidas que destrozó, y el tiempo que perdió… Está en un camino de ida, está conociéndose, está dejando de aparentar para empezar a ver quién realmente es, y eso le provoca miedo, ira, incertidumbre… ¡Su vida tal como la conocía está desmoronándose!

3. Un maestro a quien recurrir: Faber, el profesor

“¡Qué extraño encuentro en una extraña noche!” piensa Montag cuando conoce a Clarisse. En ese momento descubrimos, que este no es el primer encuentro extraño para Montag, que una tarde, un año atrás, se había encontrado con un viejo en un parque, y ambos habían hablado.

Este viejo del parque que aparece al comienzo de la novela, como un recuerdo en la memoria de Montag, va a ir reapareciendo a lo largo de la historia, cada vez que Montag piense en aquel secreto oculto en la ventilación de su casa…

Pero va a ser recién en la segunda parte de la novela, La criba y la arena, cuando se encuentre en su casa, desamparado y rodeado de libros robados a los que no logra comprender, cuando se de cuenta que necesita un maestrx, un guía que le ayude a entender aquello, que no puede comprender por su propia cuenta. Montag está desesperado, tiene la fuerza tiene el valor, pero necesita ayuda, una esperanza, una brújula, alguien que le indique el camino, alguien que le ayude a entender.

“Pero, ¿dónde puedes conseguir ayuda, dónde encontrar a un maestro a estas alturas?».”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Es en este momento, en que Montag va a permitirnos entrar en su memoria, y conocer quién es ese viejo del parque, y que fue lo que sucedió aquella tarde. Así conocemos a Faber, un viejo profesor de literatura, que temeroso, le habló en el lenguaje de la poesía y en un acto de valor o estupidez (o ambas), decidió escribir en un papelito su número y dirección para Montag, “para su archivo, en caso de que decida enojarse conmigo”

Faber es un personaje que vive con culpa. Se sabe temeroso y cobarde, y no deja de repetirlo para sí mismo, y para Montag. Siente que no hizo suficiente cuando tuvo tiempo, cuando tal vez, todavía había tiempo de hacer algo, cuando todavía existían personas que luchaban en contra de ese sistema de censura, y que ahora ya no existen.

Mr. Montag, está usted viendo a un cobarde. Hace muchísimo tiempo, vi cómo iban las cosas. No dije nada. Soy uno de los inocentes que hubiese podido levantar la voz cuando nadie estaba dispuesto a escuchar a los «culpables», pero no hablé y, de este modo, me convertí, a mi vez en un culpable. Y cuando, por fin, establecieron el mecanismo para quemar los libros, por medio de los bomberos, rezongué unas cuantas veces y me sometí, porque ya no había otros que rezongaran o gritaran conmigo. Ahora es demasiado tarde.

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Pero… ¿Qué hubiera sido de la esperanza de Montag si no se encontraba con Faber, aquella tarde?

Si Faber hubiese hecho algo distinto, si hubiese muerto en un incendio, entonces tal vez, nunca se hubiera cruzado con Montag, y éste no tendría ningún referente, ningún amigo, ninguna esperanza. Faber se sabe cobarde, arrepentido, pero él es esencial para Montag.

Montag tiene ahora una pista, un número, una dirección, y decide ir al encuentro con Faber. Todo este tiempo Montag creyó que necesitaba a los libros, pero en su encuentro con Faber va a comenzar a entender que no son libros lo que necesita, sino aquello que habita en los libros.

Hasta ahora habíamos visto el mundo con la mirada de Montag, un lector inexperto, y ahora es el momento de abarcar la profundidad, de abrir las páginas, y adentrarnos a la verdadera esencia que guardan los libros. Faber, se da cuenta que Montag se guía por su instinto: su intuición lo guió a robar libros, a guardarlos, a hablar con él en el parque, a conversar con Clarisse, a hacerse preguntas… pero ahora, necesita comprender aquello de lo que en los libros se habla. Y para eso, necesita práctica, y alguien con experiencia que pueda guiarlo en su camino.

Faber va a ser quien le brinde una nueva mirada del mundo, más allá del discurso adoctrinador de Beatty el capitán de bomberos. Ahora es el momento de escuchar la voz de quienes conocen los libros, y encuentran en ellos algo más.

Para esto, Faber, va a revelarle a Montag, cuáles son las tres condiciones esenciales para encontrar en los libros aquellas verdades que se ocultan en el arte:

1. Calidad de información

Literatura porosa, libros con textura de información, aquellos que “pueden colocarse bajo el microscopio y encontrar huellas del pasado en infinita profusión”.

“¿Se dan cuenta, ahora, de por qué los libros son odiados y temidos? Muestran los poros del rostro de la vida. La gente comodona sólo desea caras de luna llena, sin poros, sin pelo, inexpresivas.”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Faber realza la importancia de los libros como espejos de la humanidad. Esta pareciera ser la calidad literaria, textos como territorios extensos en los que encontrar verdades, de las cuales aprender. Aún cuando estas verdades no nos gusten o sean rechazadas por la sociedad, por sus discursos contradictorios, por estar fuera de lo considerado políticamente correcto, o por contar con la visión de arquetipos estigmatizados, odiados o temidos. De nada sirve borrarlas, suavizarlas o prohibirlas, eso nos impide crecer, nos impide aprender de nuestros errores, y así, nos niega la posibilidad de descubrir quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes podemos ser.

2. Tiempo de ocio autónomo (y no automático), para pensar

“—Oh, disponemos de muchas horas después del trabajo” contesta Montag, pero Faber no está hablando únicamente de poseer tiempo libre para conducir un auto a miles de kilómetros por hora, o para estar sentadxs enfrente a la televisión que no para de gritarnos lo que debemos pensar.

“El televisor es «real». Es inmediato, tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener razón. Parece tenerla. Te hostiga tan apremiantemente para que aceptes tus propias conclusiones, que tu mente no tiene tiempo para protestar, para gritar: «¡Qué tontería!».”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Los libros no son reales, y por eso, es posible cerrarlos, es posible detenerse y pensar aquello que leímos. Este es el tiempo de ocio autónomo, y no automático, aquel tiempo en el que podemos pensar.

3. El derecho a emprender acciones basadas en lo que aprendemos

Entonces, para que los libros realmente puedan salvarnos, es necesaria una tercera condición:

“Y la tercera: el derecho a emprender acciones basadas en lo que aprendemos por la interacción o por la acción conjunta de las otras dos.”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Es decir, el derecho a leer libros de calidad, a tener tiempo de ocio para pensar, y por sobre todo, el derecho a hacer algo con todo eso que aprendemos mientras leemos y pensamos. De esa interacción entre lectura y pensamiento, surge algo nuevo, un aprendizaje y la necesidad de hacer algo, una acción, una creación, algo que, de alguna forma le da sentido a esa interpretación.

(¿Nos está dando Bradbury una pista?)

Montag tiene el fuego dentro de sí, quiere hacer algo, lo necesita y comparte su idea con Faber: buscar libros, conseguir una prensa e imprimir unos cuantos… pero Faber sabe que es un plan suicida. Es el mismo Faber desde la ironía, el que le da la idea a Montag:

“Ahora bien, si sugiere usted que imprimamos algunos libros y nos las arreglemos para esconderlos en los cuarteles de bomberos de todo el país, de modo que las sospechas cayesen sobre esos incendiarios, diría: ¡Bravo! —Dejar los libros, dar la alarma y ver cómo arden los cuarteles de bomberos. ¿Es eso lo que quiere decir?”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Muchas grandes ideas surgen de diálogos irónicos, la ironía puede ser un gran catalizador. Montag decide tomarlo en serio, sin embargo, Faber no está convencido, sabe que aunque los cuarteles de bomberos ardieran, la cultura se encuentra deshecha y que por miedo o desinformación, las personas ya no tienen interés por al lectura, por lo que, muy pocos tienen el deseo de rebelarse.

¿Qué refleja Montag en Faber?

Montag parece representar el valor, que no logra encontrar en sí mismo. Faber posee experiencia, posee los libros, posee el conocimiento… pero le falta el valor necesario, esa “tercera condición”, la de accionar, la de ejercer su derecho a hacer algo, con todo lo que sabe.

Se desprecia a sí mismo, desprecia su cobardía, así como Montag, es contradictorio. Faber se odia por la misma razón por la cual sobrevive: su cobardía. No tiene la determinación de Montag, no expresa la curiosidad de Clarisse al mundo, porque vive con miedo. Y claramente no es la mujer en llamas, esa es una posibilidad que viene esquivando desde hace ya mucho tiempo, ese es el final al que Faber tanto teme. Pero es astuto, y sabe cómo sobrevivir.

Montag desafía a Faber, lo saca de su zona de comodidad, porque no tiene nada que perder, porque no tiene ninguna otra esperanza. Éste le pide ayuda, no sólo con su plan, sino también para saber cómo enfrentarse a Beatty. Faber, está a punto de dejarlo ir sin brindarle ayuda, pero a último momento y con mucho temor, cómo esa vez en el parque, decide ayudarlo.

“He esperado, temblando, la mitad de mi vida, a que alguien me hablara. No me atrevía a hacerlo con nadie. Aquel día, en el parque, cuando nos sentamos juntos, comprendí que alguna vez quizá se presentase usted, con fuego o amistad, resultaba difícil adivinarlo. Hace meses que tengo preparado este aparatito. Pero he estado a punto de dejar que se marchara usted, tanto miedo tengo.”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Faber elige usar la tecnología a su favor. Se describe como un aficionado, alguien que disfruta de manipular aparatos electrónicos y radiotransmisores, ¿es Faber una especie de Hacker del hardware? ¿Alguien, que vive en las sombras, oculto, desarmando la tecnología enemiga para darle un nuevo sentido, un nuevo uso?

Tiene miedo, y por ello, su accionar es desde las trincheras. Son necesarios los personajes como Montag, valientes, desafiantes, que van al frente, pero también son necesarios los personajes como Faber. Se necesitan mutuamente, se complementan.

¿Por qué es importante para Montag, encontrarse con Faber?

Porque no le basta sólo con los libros. Los libros son herramientas, pero necesita alguien que lo guíe, que le enseñe a usarlas. Además, no tiene tiempo, no dispone de tiempo para leer y encontrar una voz que lo guíe entre esas páginas. Necesita un maestro, y lo necesita ya.

Faber va a ser ese maestro para Montag, alguien con la sabiduría y la experiencias necesarias para guiarlo, para acompañarlo y brindarle tal vez, una nueva visión del mundo. Si Clarisse lo invitó a despertarse, a pensar y a cuestionarse las cosas, Faber va a ser quien le ayude a encontrar su propia voz.

—No estoy pensando. Sólo hago lo que se me dice, como siempre. Usted me ha pedido que tuviera dinero, y ya lo tengo. Ni siquiera me he parado a meditarlo. ¿Cuándo empezaré a tener iniciativas propias?

—Ha empezado ya, al pronunciar esas palabras. Tendrá que fiarse de mí.

—¡Me he estado fiando de los demás!

—Sí, y fíjese adónde hemos ido a parar. Durante algún tiempo, deberá caminar a ciegas. Aquí está mi brazo para guiarle.

—No quiero cambiar de bando y que sólo se me diga lo que debo hacer. En tal caso, no habría razón para el cambio.

—¡Es usted muy sensato!”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Montag se da cuenta, que necesita dejar de seguir órdenes y empezar a pensar por sí mismo. Pero todavía no se da cuenta, que ya posee iniciativa propia, que la iniciativa propia también surge del encuentro con otres, ya sea en personas o en la naturaleza, estén vivos o muertos, ya sea en libros, cuadros o películas. La censura busca eliminar el pensamiento propio, porque el pensamiento propio se construye en el diálogo con lxs demás, por eso nos necesitamos.

Este es un momento crucial en la vida de Montag, porque la dualidad contradictoria que siente durante todo el relato, comienza a tomar forma con la ayuda de Faber. Ahora es cuando se vislumbra a ese otro, se hace palpable. Antes le temía y no lo dejaba aparecer en sus pensamientos, y ahora lo escucha leer, susurrar a través de su oreja (gran metáfora utilizada por Bradbury). Desde el comienzo, Montag está en esa búsqueda de sentido, un encuentro con él mismo, y recién ahora se está dando cuenta, que está en un viaje de ida.

Entonces, comprendió que él era, en realidad, dos personas, que por encima de todo era Montag, quien nada sabía, quien ni siquiera se había dado cuenta de que era un tonto, pero que lo sospechaba. Y supo que era también el viejo que le hablaba sin cesar, en tanto que el «Metro» era absorbido desde un extremo al otro de la ciudad, con uno de aquellos prolongados y mareantes sonidos de succión. En los días subsiguientes, y en las noches en que no hubiera luna, o en las que brillara con fuerza sobre la tierra, el viejo seguiría hablando incesantemente, palabra por palabra, sílaba por sílaba, letra por letra. Su mente acabaría por imponerse y ya no sería más Montag, esto era lo que le decía el viejo, se lo aseguraba, se lo prometía. Sería Montag más Faber, fuego más agua. Y luego, un día, cuando todo hubiese estado listo y preparado en silencio, ya no habría ni fuego ni agua, sino vino. De dos cosas distintas y opuestas, una tercera. Y, un día, volvería la cabeza para mirar al tonto y lo reconocería. Incluso en aquel momento percibió el inicio del largo viaje, la despedida, la separación del ser que hasta entonces había sido.

La criba y la arena, Fahrenheit 451

4. Un adversario a quien desafiar: Beatty, el capitán de bomberos

Beatty es el capitán de bomberos, es el jefe, es lo establecido, es la ley. También representa para Montag su pesada herencia familiar, ya que tanto su padre como su abuelo fueron bomberos. Beatty de alguna forma, representa todo aquello en lo que Montag puede llegar a convertirse dentro de unos años, si no cambia. Y tal vez por eso, sea Beatty la persona a la que más teme, y a la que más le cuesta enfrentar, porque ve en él, los vestigios de un futuro posible.

“¡Cuánto deseo tener algo que decir al capitán! Ha leído bastante, y se sabe todas las respuestas, o lo parece. Su voz es como almíbar. Temo que me convenza para que vuelva a ser como era antes. Hace sólo una semana, mientras rociaba con petróleo unos libros, pensaba: «¡Caramba, qué divertido!».”

La criba y la arena, Fahrenheit 451

Como buen líder, Beatty observa cuidadosamente a Montag, lo estudia, lo conoce. Y como lo conoce, juega con él. Desde el comienzo, va a dedicarse a lanzar comentarios indirectos, que le dan a entender a Montag, que conoce su secreto.

Beatty es un rival estupendo porque sabe que la información es poder, y por eso, actúa sólo cuando lo considera necesario. Cuando se da cuenta que Montag está por flaquear, lo acecha para endulzarlo con su discurso moralista, quiere convencerlo, lo intenta desplegando sus habilidades de diálogo, su carisma, y la capacidad envolvente de sus palabras, Beatty sabe que el lenguaje es un arma de doble filo.

Los guardianes de la felicidad

Clarisse está muerta, y en la cabeza de Montag se repite constantemente la escena de la mujer prendiéndose fuego junto a sus libros. Montag se encuentra en un debate consigo mismo, en una encrucijada. Es en este momento, en el que Beatty hace su aparición, como un demonio de traje, que estaciona su auto Fénix y se acerca hacia él, en un momento crucial de su vida, para ofrecerle un trato. (Nótese que es nada más y nada menos que el capitán del ejército del fuego).

Beatty, se muestra tranquilo, quiere convencer a Montag, brindarle las razones por las cuales continuar su labor de bombero. Decide entonces, contarle la historia de los bomberos, resaltando la importancia de su deber social, como guardianes de la felicidad.

Lo que importa que recuerdes, Montag, es que tú, yo y los demás somos los Guardianes de la felicidad. Nos enfrentamos con la pequeña marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teorías y pensamientos contradictorios. Tenemos nuestros dedos en el dique. Hay que aguantar firme. No permitir que el torrente de melancolía y la funesta Filosofía ahoguen nuestro mundo. Dependemos de ti. No creo que te des cuenta de lo importante que eres para nuestro mundo feliz, tal como está ahora organizado.

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Según Beatty, la lectura escaseaba mucho antes de la aparición de los bomberos. Él va a considerar tres grandes causas principales, por las cuales el hábito de la lectura y del pensamiento fue despareciendo paulatinamente de la sociedad, mucho antes de la intervención de los bomberos:

1. Tecnología del siglo XX

El traspaso tecnológico de siglo XIX al siglo XX, va a traer consigo una creciente aceleración: fotografía, radio, películas, televisión, según Beatty la innovación tecnológica es consecuencia de que las cosas adquieran masa, es decir, aquello para lo que antes se utilizaba la imaginación, ahora es tangible, y real, y ya no es necesario pensar ni imaginar.

“Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario.”

era un placer quemar, fahrenheit 451

2. Explotación de las masas

Esta aceleración de la tecnología sumada al inmenso crecimiento demográfico de la población, según Beatty, va a lograr que aquello que ya había adquirido masa, se vuelva uniforme, vulgar y sencillo, para abarcar así, a la mayor parte de la población posible.

Ahora, podrá leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus vecinos.

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No hay que perder el tiempo, porque el tiempo es dinero. Los años de universidad se acortan, la disciplina se relaja, la vida es inmediata. Sólo importan el trabajo y el placer. Ahora que la tecnología permite ahorrar tiempo, ya no existe tiempo para pensar, para reflexionar, tiempo para la melancolía.

La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos de los editores, explotadores, locutores, que la fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una pérdida valiosa de tiempo.

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3. Presión de las minorías

Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros, según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos profesionales.

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Hasta ahora, el discurso de Beatty pareciera incluso tener algo de sentido… pero hay dos grandes fallas en él, y una de ellas, es cuestionada por el propio Montag:

—Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?

(¡Qué gran pregunta Montag!)

Porque… si fueron las personas y lxs autorxs quienes destrozaron la literatura.. entonces… ¿por qué crear cuarteles de bomberos? ¿por qué perseguir a personas con libros? ¿por qué instalar una maquinaria de represión social, hacia una conducta, que al parecer, estaba desapareciendo por sí sola?

La respuesta de Beatty deja entrever grietas. Según él, como las universidades producían cada vez menos personas del ámbito intelectual, ser intelectual se convirtió en un insulto, y la única forma para ser realmente felices era, que todas las personas sean iguales. Para lograr esta igualdad, fue necesario eliminar el deseo de leer, aniquilar a lxs intelectuales. No dejarles pensar, no dejarles ser “diferentes al resto”. Porque la igualdad, según Beatty, garantiza la felicidad de la mayoría.

Es en este punto, en el que considero que Beatty no tiene escapatoria. ¿Cómo podés llamarte guardián de la felicidad y avalar un sistema que reprime y condena a personas por pensar distinto?

En segundo lugar, según la retorcida lógica de esta sociedad, leer nos conduciría directamente a la tristeza, a la melancolía y la depresión.

Siempre lo he dicho, poesía y lágrimas, poesía y suicidio y llanto y sentimientos terribles, poesía y enfermedad. ¡Cuánta basura!

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Pero… si es la lectura la culpable principal de la angustia, de la depresión, si es la lectura la que nos arremete con pensamientos suicidas… entonces, ¿qué es lo que la lleva a Mildred, una persona que nunca leyó un libro, una persona que cumple la ley, que se adapta al sistema… a intentar quitarse la vida?

Montag y Clarisse: espejos del miedo de Beatty

Y al final de mi sueño, me he presentado con la salamandra y he dicho: «¿Vas por mi camino?». Y tú has subido, y hemos regresado al cuartel.

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¿Por qué Beatty insiste tanto en convencer a Montag?

Vemos en Beatty un rival que lejos de utilizar la fuerza física o el poder social de su posición, busca convencer a Montag a través de las palabras.

¿Por qué? Si Beatty sabe que Montag guarda libros en su casa, si incluso parece descubrirlo cuando está robando uno. ¿Por qué Beatty no lo denuncia? ¿Por qué no utiliza su poder de capitán para quemar su casa y enviarlo directamente a la cárcel? ¿Por qué le da tantas oportunidades para cambiar de opinión?

Tal vez porque cree que si logra convencer a Montag, entonces puede sentirse orgulloso de su rol como capitán del cuartel, de guardián de la felicidad.

Si bien conocemos poco sobre Beatty, a lo largo de la novela nos da algunas pistas para comprender que él alguna vez, también fue como Montag. Que en su juventud tuvo curiosidad por los libros, que él también intentó encontrar un sentido en ellos… pero que falló. Que no halló en ellos, nada que valiese la pena.

—Una cosa más —dijo Beatty—. Por lo menos, una vez en su carrera siente esa comezón. Empieza a preguntarse qué dicen los libros. Oh, hay que aplacar esa comezón, ¿eh? Bueno, Montag, puedes creerme, he tenido que leer algunos libros en mi juventud, para saber de qué trataban. Y los libros no dicen nada. Nada que pueda enseñarse o creerse. Hablan de gente que no existe, de entes imaginarios, si se trata de novelas. Y si no lo son, aún peor: un profesor que llama idiota a otro filósofo que critica al de más allá. Y todos arman jaleo, apagan las estrellas y extinguen el sol. Uno acaba por perderse.

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Beatty sueña con que Montag siga su camino, sea un bombero como él, que deje atrás las estúpidas ideas revolucionarias de los libros, que finalmente se rinda. Porque tal vez, de esa manera pueda sentir que el camino que él eligió, es el correcto.

Si Montag se rinde, como tiempo atrás él se rindió… Entonces, tal vez Beatty pueda seguir con su vida, dejar de pensar en el pasado, y vivir el presente sin remordimientos. Pero Montag no es fácil de convencer…

¿A quién ve Beatty cuando mira a Montag? ¿Es Montag un reflejo del camino que podría haber elegido? ¿Es por eso que siente la necesidad de disuadirlo, de advertirle: ¡No hay salida en los libros!

No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trata de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado ¡Al diablo con ello!

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En este diálogo, podemos entrever parte del pasado de Beatty, tal vez podemos comenzar a entender su rechazo hacia los libros, y su necesidad inminente de convencer a Montag. Pareciera ser que en un pasado Beatty recorrió el camino de la filosofía o la sociología, un camino que lo llevó a la melancolía, un camino que lo condujo a la soledad, a sentirse pequeño e insignificante. Lo sé, lo he intentado ¡Al diablo con ello!” vocifera un Beatty herido, mientras cae su máscara de superado. ¿Cuáles son las cicatrices de Beatty? ¿Es su deseo de “encaminar” a Montag, una necesidad propia, de curarse a sí mismo? ¿de convencerse sobre el camino que eligió como capitán? ¿Es Montag la representación de un fantasma del pasado, que le recuerda constantemente lo cobarde que fue?

Al final del camino, Montag elige su propio destino, y lo deja en jaque. Tiene que castigarlo, tiene que ser un ejemplo para los otros bomberos, no puede salirse con la suya. Beatty necesita castigar a Montag, enseñarle las consecuencias de sus actos, de alguna forma, actúa sobre él como un padre. Totalmente furioso, Beatty, escupe su veneno sobre Clarisse:

Oh no te dejaras engañar por las palabras de esa pequeña estúpida, ¿qué pudo ella conseguir con todo eso? (…)

FUEGO VIVO, Fahrenheit 451

Al comienzo de la historia, conocimos a un Beatty calmo, irónico y burlón, que fue perdiendo la paciencia y sobretodo el poder sobre Montag, y que ahora, al final del camino, pareciera escupir su petróleo venenoso. Si Montag es para él un reflejo de la vida que él mismo no eligió, ¿qué es lo que Clarisse refleja en él? ¿Por qué le tiene tanta bronca?

—Esa mujer de la otra noche, Millie… Tú no estuviste allí. No viste su rostro. Y Clarisse. Nunca llegaste a hablar con ella. Yo sí. Y hombres como Beatty le tienen miedo. No puedo entenderlo. ¿Por qué han de sentir tanto temor por alguien como ella? Pero yo seguía colocándola a la altura de los bomberos en el cuartel, cuando anoche comprendí, de repente, que no me gustaba, nada en absoluto, y que tampoco yo mismo me gustaba. Y pensé que quizá fuese mejor que quienes ardiesen fueran los propios bomberos.

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Montag reconoce que Beatty le teme a Clarisse, pero no puede entender por qué. Va a ser Beatty, quien casi al final del camino, estalle de bronca y nos lo diga a los gritos:

—¿Tranquilos? ¡Narices! Revoloteaba a tu alrededor, ¿verdad? Uno de esos malditos seres cargados de buenas intenciones y con cara de no haber roto nunca un plato, cuyo único talento es hacer que los demás se sientan culpables. ¡Aparecen como el sol de medianoche para hacerle sudar a uno en la cama!

Fuego vivo, Fahrenheit 451

Culpa. Eso es lo que le hace sentir Clarisse, ese es el reflejo que ve cada vez que se cruza con alguien como ella. Y la culpa es una carga demasiado pesada como para vivir con ella, es mejor es prenderla fuego, aniquilarla, limpiarla, liberarnos de esa carga.

Finalmente, cuando tiene el arma apuntando hacia él, Beatty lejos de calmarse, se muestra arrogante ante Montag, e insultándolo, le insiste de apretar el gatillo.

“Beatty había deseado morir” piensa Montag en su huida.

¿Será cierto?

¿Qué era aquello que lo persiguió cada segundo de su vida, aquello que no lo dejaba dormir? ¿Por qué gritarle a Montag hasta enfurecerlo, cuando este tenía su vida en las manos? ¿Quería morir Beatty? ¿Sentía realmente remordimientos por lo que había hecho en su vida? ¿Era la culpa una carga profundamente pesada para él?

“¡Cuán extraño desear tanto la muerte como para permitir a un hombre andar a su alrededor con armas, y, luego, en vez de callar y permanecer vivo, empezar a gritarle a la gente y a burlarse de ella hasta conseguir enfurecerla!”

Fuego vivo, Fahrenheit 451

5. Una comunidad a la que pertenecer: Vagabundxs por el exterior, bibliotecas por el interior

—Bienvenido de entre los muertos.

Fuego vivo, Fahrenheit 451

Después de perder todo lo que alguna vez tuvo y a quien alguna vez fue, Montag huye, busca refugio (tras las indicaciones de Faber) fuera de la ciudad, siguiendo el rastro de las vías del tren para dar con los campamentos ambulantes de vagabundxs. Si lo consigue, es probable que pueda sobrevivir, para reencontrarse nuevamente con Faber, en otra ciudad, en donde vive el impresor de libros retirado.

El significado cambiante del fuego

El fuego es un elemento fundamental de la novela, y así como, Montag se transforma y va cambiando, también lo hace el significado que éste le atribuye al fuego, como símbolo.

Al comienzo de la novela, el fuego es la destrucción, censura, muerte, olvido: las mangueras de petróleo, los cuarteles de bomberos, las bibliotecas en llamas. El fuego es el instrumento que usan en esta sociedad futurista, para quemar la memoria. O como diría Beatty, para “limpiar”. El fuego es sinónimo de limpieza, porque lo destruye todo, y nos deja vacíxs.

Es a través del fuego, que Montag destruye también su pasado: la casa que alguna vez habitó, y también es el fuego el elemento que utiliza para asesinar a Beatty, y a su máquina mecánica.

Ahora, Montag es un fugitivo, habita un territorio nuevo e inexplorado para él: la inmensidad de lo desconocido, la naturaleza salvaje. En este estado, puede por primera vez, pensar en el verdadero significado del fuego, o por lo menos, en el significado del fuego lejos de la ciudad, el significado del fuego, en estado salvaje, en estado “vivo”. (¿Será por eso, que esta tercera parte se titula: “Fuego vivo”?)

El sol ardía a diario. Quemaba el Tiempo. El mundo corría en círculos, girando sobre su eje, y el tiempo se ocupaba en quemar los años y a la gente, sin ninguna ayuda por su parte. De modo que si él quemaba cosas con los bomberos y el sol quemaba el Tiempo, ello significaría que todo había de arder. Alguno de ellos tendría que dejar de quemar. El sol no, por supuesto.”

Fuego vivo, Fahrenheit 451

Entonces bien: el sol quema el tiempo, y el tiempo nos quema a nosotrxs. ¿Para qué entonces, utilizar el fuego?

Cuando Montag descubre el campamento de vagabundxs, lo primero que lo atrae, es el fuego. Observa un fuego salvaje, que acerca a las personas, que les brinda luz, calor, compañía.

No estaba quemando. ¡Estaba calentando! Montag vio muchas manos alargadas hacia su calor, manos sin brazos, ocultos en la oscuridad. Sobre las manos, rostros inmóviles que parecían oscilar con el variable resplandor de las llamas. Montag no había supuesto que el fuego pudiese tener aquel aspecto. Jamás se le había ocurrido que podía dar lo mismo que quitaba. Incluso su olor era distinto.

Fuego vivo, Fahrenheit 451

El fuego, adquiere un nuevo significado, pero en realidad sigue siendo el mismo elemento. No es el fuego lo que cambia, sino el uso que hacen de él. Y en este cambio de perspectiva, también se encuentra Montag. Él no es una persona nueva, en esencia es el mismo, pero ahora, su energía vital tiene otro uso, ya no vive para quemar y destruir, sino para recordar, para iluminar.

Incluso esta acepción del fuego, como calor, como refugio, existía desde antes en él, como un recuerdo de su infancia, el recuerdo de esa noche sin electricidad, en la que había visto arder una última vela. Fue ese recuerdo, el que le permitió reconocer en el rostro de Clarisse “la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela”, en contraposición con la “histérica luz de la electricidad”.

Creo que la analogía del fuego, también puede extrapolarse a las tecnologías. Tanto el fuego, como las tecnologías, son herramientas. La forma en la que los personajes la utilizan, es lo que determina su futuro: ¿vamos a usar el fuego para incendiar bibliotecas y personas? ¿o vamos a utilizarlo para iluminar el camino, para calentarnos las manos, para compartir un espacio en una noche fría?

En esta sociedad, el uso que se le da a la tecnología, afecta negativamente la vida de las personas, son tecnologías para el control, para el mero entretenimiento, para la distracción. Pero ¿qué pasaría si su uso hubiera sido otro?

Montag cambia, y cambia así también el significado del fuego.

Vagabundxs por el exterior, bibliotecas por el interior

—Yo soy La República de Platón.

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Papiro Oxyrhynchus LII 3679, con fragmento de La República, dominio público, vía Wikimedia Commons

Así se presenta Granger, uno de los hombres que conforman la comunidad de vagabundxs. La república de Platón, es el libro que Granger elige recordar, y este libro es nada más y nada menos que el primer modelo occidental de sociedad utópica, imaginado por Platón. ¿Es el encuentro con Granger y con los otros hombres de la comunidad, una esperanza de utopía? ¿Una posibilidad, una visión de futuro?

En este campamento ambulante, las personas dejan de ser solo personas, para convertirse en libros. No pueden ocultar libros porque existe el riesgo de ser descubiertos, entonces la única alternativa que encuentran es: leerlos, quemarlos y recordarlos, transformarse en libros ambulantes, vagabundxs por el exterior y bibliotecas por el interior.

¿Qué descubre Montag sobre sí mismo, al final del camino?

Montag puede ver a través de esos rostros, observa en ellos, hombres cansados, hombres que se encuentran, como él, en una búsqueda, hombres que vivieron vidas, y que presenciaron la destrucción de lo que alguna vez amaron.

No hay una respuesta sobre qué es lo que hay hacer o cómo solucionar los problemas del mundo. Montag estuvo todo ese tiempo buscando una respuesta en los libros, y si bien Faber intentó explicarle que la respuesta no eran libros, sino lo que había dentro de ellos, va a ser necesario recorrer todo este camino, para encontrarse cara a cara con esta verdad, para comenzar a darse cuenta, cuál es el verdadero misterio que vive en los libros.

No estaban seguros de que lo que llevaban en sus mentes pudiese hacer que todos los futuros amaneceres brillasen con una luz más pura, no estaban seguros de nada, excepto de que los libros estaban bien archivados tras sus tranquilos ojos, de que los libros esperaban, con las páginas sin cortar, a los lectores que quizá se presentaran años después, unos, con dedos limpios, y otros, con dedos sucios.

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Recordar, aprender y crear espejos

El fuego arrasa. Las bombas de una guerra que viene anunciándose desde el comienzo de la historia, finalmente arrementen contra una ciudad dormida. Y con ella arde también, todo aquello que Montag dejó atrás, con la ciudad arde Mildred, y quizás Faber. Esa es la ciudad en la que ardió una mujer y su biblioteca, y esa es la misma ciudad que un día, se tragó a Clarisse, y nunca más la devolvió.

¿Y cuál es entonces el sentido? ¿Para qué seguir?

Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí.

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El ave Fénix debió ser nuestro primo hermano, nos dice Granger. El Fénix aparece en el libro desde el comienzo: es la marca de automóvil de Beatty, está tatuado en los uniformes de los bomberos, su simbología se relaciona íntimamente con el fuego, pero está incompleta.

Es al ocaso de la historia donde el Fénix resurge en su totalidad, para vislumbrar algo más que sólo fuego y destrucción: su capacidad de arder y volver a construirse desde las cenizas…

¿Por qué Granger, este hombre errante, piensa en este momento en el parentesco posible entre humanos y fénix? La ciudad está ardiendo, el mundo entero parece arder. Todo lo que alguna vez conocieron, está pereciendo entre las llamas, lo que alguna vez fue su hogar… “pero tenemos algo que el Fénix no tenía”, nos recuerda: la posibilidad de recordar.

¿Y qué hacer con todos esos recuerdos?

Durante la próxima semana, el próximo mes y el próximo año vamos a conocer a mucha gente solitaria. Y cuando nos pregunten lo que hacemos, podemos decir: «Estamos recordando». Ahí es donde venceremos a la larga. Y, algún día, recordaremos tanto, que construiremos la mayor pala mecánica de la Historia, con la que excavaremos la sepultura mayor de todos los tiempos, donde meteremos la guerra y la enterraremos. Vamos, ahora. Ante todo, deberemos construir una fábrica de espejos, y durante el próximo año, sólo fabricaremos espejos y nos miraremos prolongadamente en ellos.

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En esta instancia, la memoria personal, y también la memoria universal, esa memoria adquirida a través de generaciones y generaciones, a lo largo y ancho de los años como humanidad, es presentada como nuestra única forma de salvarnos.

Clarisse fue para Montag un espejo, su mirada le devolvía sus pensamientos más íntimos. Mildred, Faber, Beatty, todas las personas con las que Montag se cruzó en su camino, en su búsqueda, fueron espejos, y en todas ellas, reconoció una parte muy profunda de su identidad.

El espejo como símbolo, tal vez porque los libros que leemos, las películas que vemos, la música que escuchamos, las personas con quienes nos relacionamos, tal vez en todos esos encuentros, se esconde una parte, una esencia muy profunda, de quienes somos. Y entonces, quizás el verdadero viaje, la búsqueda de sentido, consista en mirarnos profundamente en esos espejos… hasta pulverizarnos los ojos.

No hay forma de salvarse de la muerte, salvo vivir y recordar, nos dice Bradbury, y este es el mensaje que atraviesa toda la novela. Porque en definitiva, la verdadera muerte es el olvido. Y tal vez, la única manera de salvarnos sea: vivir, aprender de las experiencias y compartirlas, transformarlas en hogueras que alumbran, que nos calientan las manos, que nos acercan, y sobre todo, que nos permiten recordar.